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TORONTO.- Los partidos de fútbol encienden pasiones, inyectan alegrÃa e incluso en ocasiones hasta provocan tristeza. AquÃ, en el centro del terreno de juego, no importan el color de la piel, la religión o el estatus legal sino la competencia deportiva, el entretenimiento y la diversión.
Sin lugar a dudas, en las ligas organizadoras de torneos tanto de fútbol de salón, en la temporada de invierno, como del verdadero fútbol de cancha grande, que se practica en la época de verano, sólo se habla un idioma: fútbol.
Estos campeonatos hispanos se vuelven el centro de reunión de inmigrantes de cualquier parte del mundo que llevan en la sangre la pasión por el "juego bonito".
Aquà se habla español
No es raro escuchar dentro del rectángulo de juego a jugadores con el acento caracterÃstico de su paÃs de origen. Y hasta aquellos que no hablan español aprenden a decir: "Pásala", "patea" "toma" y algunas otras palabritas para comunicarse con su equipo y desenvolverse mejor en la cancha.
En un deporte de masas como es el fútbol no se puede separar a jugadores de aficionados pues a todos los torneos asisten hinchas o parientes de los jugadores que en español, inglés, portugués o hasta hindi apoyan a sus equipos y promueven el intercambio cultural.
Y es que a la hora de jugar fútbol quedan fuera las diferencias de idiomas, profesiones, cargos en el trabajo o estatus migratorio. Aquà los inmigrantes con culturas y costumbres diferentes que participan en los diferentes equipos infantiles, juveniles, para adultos o veteranos tienen los mismos objetivos: divertirse, practicar un poco de deporte, conseguir nuevas amistades o simplemente dejar el estrés después de una agotadora semana de trabajo.
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