SILVIA MÉNDEZ / AHORACANADA.COM
TORONTO.- Los Juegos de Vancouver enfrentaron problemas de organización y meteorológicos, y aún queda por saber si tendrán incluso un pozo económico. Pero lo que es indudable es que pasarán a la historia como los Juegos Olímpicos con el mayor calibre emotivo. Lo que es más, sacudieron a toda la nación y nos recordaron lo que es ser canadienses… orgullosamente canadienses.
Las Olimpiadas de Vancouver 2010, como los grandes eventos de la historia, tienen dos caras de la moneda, así que decidimos echar un volado. Aquí en AHORACANADA.COM te invitamos a ver lo malo y lo bueno de los Olímpicos.
1. El pineapple express resopló: Vancouver es una ciudad hermosa y cosmopolita, pero organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno en la ciudad menos gélida de Canadá tuvo sus riesgos y sin duda Vancouver los pagó. Camiones y helicópteros tuvieron que llevar nieve natural hasta las pistas porque las altas temperaturas ni siquiera permitían fabricarla con los modernos cañones a pocos días de la inauguración. El culpable fue el viento húmedo del Pacífico, el pineapple express, que fundió la nieve.
2. La crisis económica: La 21ª cita invernal, tercera del siglo, enfrentó una de las mayores crisis económicas. Aunque es prematuro saber el balance de estas Olimpiadas invernales para el país, para la ciudad y para los negocios locales, se han aireado encuestas contrarias a los Juegos y el fantasma del fiasco económico de los de verano de Montreal 1976 volvió a planear por Canadá.
3. El maleficio del tobogán de Whistler: El mismo día de la ceremonia de apertura, el atleta de luge de Georgia, Nodar Kumaritashvili, murió durante un entrenamiento en la pista del Whistler Sliding Centre. Los críticos aseguran que la pista es altamente peligrosa; además, los participantes internacionales se quejaron de que los canadienses no les permitieron entrenar antes de los Juegos en este deslizadero.
4. Problemas con el boletaje: La prensa británica declaró que estos Juegos han sido los peores en la historia, principalmente por el problema de la cancelación de 28 mil boletos y su reembolso. Y es que las condiciones climáticas obligaron a los organizadores a reagendar varias pruebas.
Pero en el balance final, los Juegos Olímpicos estuvieron llenos de grandes hazañas, increíbles experiencias y momentos inolvidables, como los que aquí te mostramos. Después de todo, los Juegos de Vancouver tocaron el alma de muchos canadienses e inspiraron al mundo entero.
1. Más deportistas, más espectadores: Vancouver marcó un récord de participantes. Participaron dos mil 600 deportistas de 90 países. Además, la ciudad nunca había lucido más viva y animada. El espíritu olímpico hizo su magia en cada casa, negocio y escuela, y como un efecto bola de nieve, la emoción olímpica viajó de Vancouver al resto del país. Al menos 11 millones de personas siguieron por televisión la final masculina de hockey, en un histórico nivel de audiencia.
2. Arte, cultura y fiesta: Las Olimpiadas trajeron 60 días de arte, cultura y fiesta a los grandes teatros y auditorios, pero también a las bibliotecas públicas y el metro. Lo mismo hubo puestas teatrales como Elephant Wake y Where the Blood Mixes, que artistas de la talla de Sarah McLachlan y Brian Adams, además de bandas y orquestas como Bell Orchestre, Besnard Lakes y Beast, y hasta chistes de los comediantes de Juste pour rire 2010.
3. ¿Y las medallas? Canadá destinó en los últimos años 117 millones de dólares en programas especializados para que sus atletas subiesen más que los de ningún otro país al podio... y lo consiguió. Canadá rompió el récord de medallas de oro en Olimpiadas invernales.
4. Orgullosamente canadienses: Pero sobre todo, Vancouver 2010 nos recordó que los canadienses juegan bonito y juegan con todo. El equipo femenil de hockey demostró su superioridad en la final contra EU; Tessa Virtue y Scott Moir se proclamaron campeones y lograron la medalla de oro de danza sobre hielo en el patinaje artístico, y la canadiense Joannie Rochette hizo a un lado el dolor de haber perdido a su madre para brindarle a ella y a su público una presentación perfecta y emotiva. Nunca, como ahora, se vieron tantos canadienses luciendo y presumiendo el rojo de la hoja de maple canadiense. Nunca se sintió tan bien el irle a Canadá.













