Las estadísticas no dejan lugar a dudas, cada vez son más los niños que padecen en Canadá problemas de obesidad.
Las causas son claras: una mala alimentación y una falta de ejercicio físico. Prevenir esta enfermedad está en la mano de cada familia, que debe supervisar las dietas de los pequeños.
Una manera de mejorar su alimentación es variando la forma de cocinar los alimentos: los alimentos fritos deben ser sustituidos por asados, hervidos, guisados o productos a la plancha, y hay que potenciar el consumo de legumbres, de pescado y de frutas y hortalizas, tanto crudas como cocinadas. Cuando se consumen conjuntamente alimentos ricos en proteínas de origen vegetal como las legumbres con el arroz, la pasta, el pan, la patata o las verduras, las proteínas se complementan y aumentan su calidad.
Desde muy pequeños hay que iniciarles en la costumbre de desayunar de forma completa, incluyendo siempre fruta fresca (entera o en jugo), y relegar a un segundo plano de forma tajante los alimentos saturados de grasas o azúcar. Del análisis de los hábitos alimentarios infantiles actuales se desprende que hay un escaso consumo de frutas enteras, aunque se consume una gran cantidad de jugos industriales.
Tanto en las comidas en casa como a la hora del lunch en la escuela, los pequeños deben consumir fruta y jugos naturales. Además, se observa que los niños muestran una cierta reticencia a las verduras. No hay que ceder a este rechazo, sino seguir incorporando ensaladas y verduras de forma diaria, bien sea como platos principales o como guarnición de los pescados, carnes y huevos.
A esto hay que sumarle, por supuesto, el ejercicio físico. Después de todo es cierta la frase “Mente sana, en cuerpo sano”.
Para obtener una guía nutrimental acorde con la edad y características de sus hijos, ingrese en el sitio web de Health Canada http://www.hc-sc.gc.ca/fn-an/food-guide-aliment/














