Ahoracanada

lunes
21 mayo
2012

Conociendo a Ignatieff

SILVIA MÉNDEZ / AHORACANADA.COM

Con cierta ingenuidad, Michael Ignatieff dejó hace unos años la Universidad de Harvard para lanzarse de lleno a la arena política. Creía que podría pasar de la élite intelectual al liderazgo del Partido Liberal sin escalas, pero la realidad le jugó una mala partida. Los liberales le cobraron el hecho de que no fuera un político de carrera y en su lugar eligieron a Stéphane Dion.

El sinsabor le duró unos meses y en noviembre de 2008 los liberales decidieron darle una oportunidad como líder de su partido. Pero el traicionero mundo de la política real le volvió a cobrar una gran factura: el Partido Conservador ha emprendido una tremenda campaña negativa en la que cuestiona el interés real de Ignatieff en la política nacional y el desarrollo del país. Su principal argumento es que por 34 años Ignatieff vivió fuera de Canadá.

En una entrevista anterior, Ignatieff aseguró: "Las circunstancias son cambiantes; ésa es su naturaleza. Aquello que funcionó ayer puede volverse un estorbo hoy y hasta una amenaza mañana". ¿Quién pudiera haber adivinado que su gran carrera como académico e intelectual iba a ser hoy en día un pesado lastre?

 

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Ignatieff, de intelectual a político. FOTO: Cortesía Partido Liberal

 

¿Próximo primer ministro canadiense?
Pero no hay que dejarse engañar. De acuerdo con recientes estadísticas, si las elecciones se desarrollaran en estos momentos, el ganador indiscutible sería Michael Ignatieff.

En su obra, Maquiavelo habla de la necesaria adaptación del príncipe a las cambiantes circunstancias históricas. "Sólo un hombre ágil puede mantenerse en la cima de una rueda caprichosa", asegura en El Príncipe.

¿Será Ignatieff lo suficientemente ágil para salir bien librado? La afirmación se antoja posible. De un linaje de alcurnia y realeza rusa, la familia Ignatieff huyó de ser fusilada por los bolcheviques a comienzos del siglo XX (su abuelo, el conde Nikolay Ignatieff, fue el último ministro de Educación del zar Alejandro III). Con la llegada al país se acabaron las comodidades y la buena vida para los Ignatieff, quienes comenzaron a dedicarse a la tala de árboles en los bosques en el Este de Canadá.

Ignatieff dio otro gran cambio de rumbo al dejar su carrera académica en Harvard, Oxford y Cambridge para dedicarse al periodismo. Su pasión era entrevistar a intelectuales de la talla de Isaiah Berlin, Edward Said y Jung Chang. Durante años intercaló ambas carreras hasta que en el 2006 miembros del círculo liberal le pidieron que se incorporara a sus filas.

Pero quizás uno de los reveses más interesantes de este multifacético hombre fue cuando cambio su posición respecto a la ocupación de Irak. En ese entonces afirmó: "Respaldé la intervención militar por razones humanitarias. Estaba convencido de que había que actuar para terminar con una política genocida, pero estaba equivocado. Si los mea culpa son raros en la política, aún resultan más extraños en el terreno intelectual.

Haciendo referencia a Isaiah Berlin, Ignatieff afirmó que el talento político no dependía de la erudición histórica, de estudios avanzados en economía o del conocimiento de las leyes. "Más que conocer datos o ideas, el hombre de Estado necesita comprender su circunstancia. Un gobernante juicioso no puede ser un doctrinario; lo que requiere es una sensibilidad aguzada, una capacidad para palpar la irrepetible estructura del presente y conocer los contornos de lo posible".

 

 



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