VICENZO PALUMBO / AHORACANADA.COM
"Reducir la llegada de extracomunitarios clandestinos significa que la criminalidad engrosa menos fuerzas en sus filas", dijo Berlusconi.
La oposición, la Iglesia y las organizaciones de inmigrantes deploraron unánimemente sus palabras como una instigación al racismo: "Alimenta un clima de intolerancia de consecuencias imprevisibles", dijo la diputada del Partido Democrático Livia Turco.
Giancarlo Perego, director de la Fundación Migrantes, de la Conferencia Episcopal, afirmó que el gobierno "debe dar condiciones de vida y trabajo dignas a los inmigrantes en vez de poner crecientes dificultades a su regularización", mientras la senadora Anna Finochiaro ha preferido responder con un chiste: "¿Menos primer ministro menos crímenes?".
También los datos oficiales contradicen a Berlusconi, ya que muestran que los inmigrantes no delinquen más que los italianos. Según el Istat, la tasa de criminalidad entre los extranjeros es más alta que la de los nacionales (1.23% contra 0.75%) pero resulta inferior entre los mayores de 40 años.
Aunque es verdad que las personas sin documentos delinquen mucho más que los inmigrantes legales, la cifra merece una lectura atenta: cuatro extranjeros de cada cinco denunciados lo son precisamente por ser clandestinos, es decir por violar las leyes de inmigración.













