SILVIA MÉNDEZ / AHORACANADA.COM
“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.
Octavio Paz
Los danzantes bailaron alrededor de un altar prehispánico, adornado con flores de cempasúchitl, figuras de barro, una cabeza de venado, caracoles, veladoras y vasijas con aromático copal.
Los asistentes degustaron un delicioso pozole de Cilantro Catering, preparado por Claudia Huerta y un rico pan de muerto, de Pancho’s Bakery. Y además tuvieron la oportunidad de ver la magnífica obra del artista mexicano Jesús Mora.
El festival que se convirtió en el Día de Muertos era conmemorado el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y era celebrado durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte" (actualmente relacionada con "la Catrina", personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.













