Como ha venido ocurriendo desde hace 78 años, desde sus carrozas alegóricas Santa Claus y sus ayudantes hicieron su entrada triunfal a la ciudad y saludaron a Herzael, a Giovanni, así como a más de 500 mil personas de todas las edades.
“Me dijo: Hola, me dijo hola a mí”, presumía Giovanni, de 7 años, cubierto hasta la nariz por 6 capas de ropa.
“Es un día demasiado frío para los chicos, pero ellos insistían en venir. Es algo que no podíamos perdernos”, comenta Laura Scapa, su madre.
La familia Scapa llegó desde muy temprano para tener un buen lugar en el parque de Christie, donde comienza el desfile, en el que este año participaron 32 carrozas y 42 bandas de música.
Los chicos vieron desfilar a Mamá Goose y disfrutaron de la carroza del Eaton Centre, organizadora del evento. Pero también vieron pasar chicos en carritos de baterías de Duracell, el señor y la señora Cara de Papa, y el taller de juguetes de Toys R Us.
Herzael y Giovanni fueron payasos honorarios, pues la brigada especial de payasos les obsequió dos narices rojas y un puñado de caramelos y globos. Pocos saben que detrás de cada payaso se esconde un hombre o mujer de negocios que coopera con más de mil 200 dólares para el fondo de Santa Claus.
Los magníficos payasos llegan desde las 6:30 para para alistarse para el evento. Este año, el equipo de payasos reunió 200 mil dólares. Y no sólo eso, algunos hicieron una escala especial en el Sick Kids Hospital para visitar a los pequeños que por enfermedad no pudieron unirse a la diversión.
Esta es ya la tercera ocasión en que los organizadores ofrecen un almuerzo. En la plaza de Dundas y Yonge, chicos y grandes tomaron su almuerzo-para-llevar previo al desfile para cargarse de energía.
Al final del desfile les preguntamos cuál fue la carroza que más les gustó. Herzael disfrutó la del avión inflable, de WesternJet, pero la favorita de Giovanni fue la de la estrella del desfile: Santa Claus.













