SILVIA MÉNDEZ / AHORACANADA.COM
La Catrina, la elegante calavera, representación caricaturesca de la clase privilegiada que imperó en México a fines del siglo XIX y principios del XX durante la dictadura del porfiriato, se paseó altiva y sofisticada en Harbourfront Centre, en Toronto, para celebrar el Día de los Muertos.
El Día de los Muertos es una celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre; comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.
A la calaca del estupendo grabadista José Guadalupe Posada, se le vio por las ofrendas que diseñaron cuatro organizaciones mexicanas: Cien Mujeres Mexicanas, Mexico Abroad, Mexican Professionals Group of Canada y Ex-A-Tec Alumni of Canada.
Las ofrendas, hechas para agasajar a los invitados de honor: aquellos que “se nos han adelantado”, tienen como componentes retratos de los difuntos, veladoras, flores, papel picado de muchos colores y rica comida.

Estupendo banquete mortuorio
En el Día de los Muertos, la comida toma un papel principal, así que mientras que la Catrina y los difuntos disfrutaron de los banquetes mortuorios de las ofrendas, los “muy vivos” se agasajaron con el exquisito pozole preparado por Claudia Huerta, de Cilantro Catering, y con los ricos tacos y tortas de Rebozos.
La presumida Catrina también degustó del increíble mole que preparó el chef Luis Valenzuela, de El Torito Tapas Bar y paladeó los huesitos de azúcar que adornaban los ricos panes de muerto que preparó Pancho’s Bakery para chicos y grandes. Violeta y Adalberto de Pancho’s Bakery hasta compartieron con los asistentes la receta de sus magníficos panes de muerto.
Y hablando de chicos, la Fundación Social y Cultural Mexicana, junto con la Hispano Canadian Intercultural School, sacaron las crayolas, el resistol, el papel y la creatividad e hicieron manualidades alusivas al Día de los Muertos.
Además, ahí los pequeños aprendieron que el nombre de Catrina, proviene de la palabra ‘catrín’, sinónimo de elegante, distinguido, bien vestido, fino, sofisticado y otros adjetivos con que el pueblo denominaba a las clases privilegiadas de esa época.
La traviesa Catrina además se echó una tremenda carcajada cuando se vio retratada en varios de los libros para chicos de Tap Peques, de Celina. Y si eso no le fuera suficiente, esta calaca tilica y flaca, se comió unas calaveritas de azúcar y unos chilitos de Ferivan.

Una fiesta entre amigos
La cónsul Daniela Gil, aseguró que a esta celebración se unen cada vez más y más canadienses y amigos. Y como entre mexicanos y amigos, no podía faltar la buena fiesta, hubo música y bailes folclóricos para animar al “más muerto”. 
El Mariachi Fuego encantó y el dúo Leche y Pan puso a bailar a todos con sus sones jarochos.
La Catrina se la pasó tan bien, que seguramente esta calaca presumida vendrá a visitarnos el próximo año.













