SILVIA MÉNDEZ / AHORACANADA.COM
La agencia Orange Events llevó de paseo por el interior de México a sus invitados, quienes tuvieron la oportunidad de disfrutar en Toronto de los tradicionales dulces mexicanos, que sin duda son un orgullo de la gastronomía nacional.
El restaurante Rebozos compartió con los asistentes su magnífico pastel de tres leches y su ya tradicional arroz con leche, mientras que Pancho’s Bakery mostró a los canadienses a qué sabe una deliciosa concha y cómo se come una buena orejita.
No hubo quien no “chuleara” los tamales dulces de Karla Liera y Susana Espejel o que no disfrutara de los dulces mexicanos de Ferivan y de Fiesta Wholesale.
Orange Events, una jugosa experiencia
Orange Events es una agencia que se especializa en eventos hechos a la medida. Cada uno de los eventos organizados por sus directoras Karla Buendía, Andrea Ramírez y Daniela Fernández integran tres componentes muy mexicanos: profesionalismo, hospitalidad y cuidado hasta en el más mínimo detalle.
Méxfest es el primer evento que organiza Orange Events, pero sus directoras cuentan con una amplia experiencia tanto en México como en Canadá en el área de Relaciones Públicas y planeación de eventos, asegura Fernández.
“Nuestros eventos están muy bien organizados, son divertidos y cada huésped es el invitado de honor”, agrega Ramírez.
“Nuestro objetivo es que cada fiesta, cada evento, sea una experiencia memorable”, explica Buendía. Y qué mejor prueba que Méxfest, un magnífico viaje por el fantástico arte popular de los postres mexicanos.

Dulce tradición legendaria
Se sabe que desde tiempos prehispánicos las culturas maya, mexica y teotihuacana endulzaban sus bebidas y manjares con mieles de avispa, tuna, maguey y de maíz, por lo que el sabor dulcísimo del azúcar de caña fue rápidamente adoptado. Definitivamente eran bebidas para dioses.
Ya en el siglo XVII, en plena expansión de la Colonia, los habitantes aprendieron a manejar el azúcar para convertir la fruta en dulce. Así nació un país goloso.
De las cocinas de los claustros de monjas surgieron algunos de los más ricos dulces que todavía hoy en día se siguen preparando en varios estados de la República como polvorones, cocadas, turrones, tamarindos, camotes, limones, higos, acitrones.
Nuestras abuelas y tatarabuelas continuaron pelando y moliendo almendras, nueces, piñones, cociendo membrillos, liando polvorones que envolvían en brilloso papel de china picado; así preparaban regios platones con besitos, sonrisas, muéganos, chiclosos, suspiros, merengues, cajetas, alfajores y hojaldres; fueron ellas quienes hicieron con el azúcar verdaderas obras de arte.
Qué decir de nuestros merengueros, que con sus tablas llenas de trompadas, alegrías y marquesotes le pusieron una explosión de sabor a la cocina mexicana o de la dulcería poblana que presume de ser una de las más bastas y diversas.
En los siglos XVI y XVII, los conventos de Puebla eran verdaderas fábricas donde las monjas competían en ingenio y dedicación para ofrecer los mejores camotes, jamoncillos de nuez, piñón o pepita; mazapanes, marinas, trufas, gaznates, caracoles, espejos, caballitos de panela, limones rellenos de coco, yemitas, rompe muelas y las deliciosas alegrías elaboradas con amaranto.
Michoacán presume en tener 300 variedades de dulces, entre los que destacan chocolates, turrones, natillas, jericayas, cajetas, arroz con leche, borrachitos, chongos zamoranos, chiclosos, palanquetas y charamuscas.













