Ahoracanada

miércoles
08 febrero
2012

Tienes que ir a Chinatown

Barrio Chino

Jimena por lo menos me lo dijo diez veces esta semana: "No puedes estar en Toronto y no visitar Chinatown; es un lugar mágico". Así que mi plan para este viernes es ir al enigmático barrio chino para llenar mi vida de magia.

Paro el mapa de frente y de cabeza sin suerte, pero eso no me sirve para diferenciar el norte del sur. Y caminando por Yonge Street, la calle más larga del mundo, el saber dónde se encuentra uno parado, es imprescindible.

Al escritor de viajes Louis Ferdinand Céline le gustaban las ciudades desconocidas porque, según decía, era el momento y el sitio donde se puede suponer que toda la gente que nos rodea es amable y hospitalaria. Toronto es la reencarnación de ese paraíso de Céline y, para mi fortuna, uno de esos amables ciudadanos de los libros de Céline aparece y, en forma de una chica punk con el cabello multicolor, ilumina mi camino hacia el barrio chino: El barrio chino queda a 6 cuadras.

¡Es increíble cómo beben café los torontianos! En mi trayecto he pasado ya unos cinco Tim Horton's y dos Starbucks. Aprovecho para recargar energías en el segundo Starbucks, con un magnífico chai latte deslactosado y sin cafeína. Y me bebo de a sorbitos el glamour de esta ciudad cosmopolita.

Llegando a casa se lo tengo que decir: "Jimena, tenías razón".

Chinatown es un maravilloso dragón que te lleva en un santiamén al corazón de Hong Kong. Por sus calles se extiende un manto de cultura y tradición milenaria, salpicada de bancos, bufetes de abogados especialistas en inmigración, y pequeños y medianos negocios que venden frutas y verduras exóticas. Incluso los nombres de las calles están en chino. Este es uno de los barrios chinos más grandes de Norteamérica.

Ubicado alrededor de la intersección de Dundas Street West y Spadina Avenue, en la zona de Kensington, aunque lo habita una heterogeneidad cultural apabullante, tiene una alta concentración china. Cada uno en su mesa, un oficinista que parece ser de medio Oriente, dos familias chinas, tres jóvenes africanos y yo compartimos la hora del almuerzo.

A la salida, me encuentro con un puesto de players para el turista fanático de leyendas como "I love Toronto". Aprovecho para comprarle una a Jimena.

*La autora es cronista de viajes.




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